Senderismo de mínimo impacto: los siete principios de Leave No Trace en la práctica
Desde la gestión escrupulosa de desechos orgánicos hasta la elección de sendas compactadas, exploramos cómo recorrer la montaña dejando únicamente huellas transitorias.

Caminar por la montaña no otorga derecho a saquear sus recursos ni a alterar su geografía. Cada cáscara de naranja arrojada al arcén creyendo que es biodegradable tarda meses en descomponerse, introduce nutrientes extraños en suelos pobres y modifica las pautas de alimentación de roedores y córvidos.
Planificación y respeto estricto al trazado del sendero
Atajar en las curvas de herradura de una senda empinada es la principal causa de cárcavas y erosión hídrica en laderas de montaña. El agua de lluvia aprovecha la fisura abierta por las botas para arrastrar toneladas de tierra fértil ladera abajo, dejando al descubierto raíces y destruyendo el sustento de la vegetación que estabiliza la pendiente.
«Toma solo fotografías, deja solo pisadas y llévate únicamente recuerdos y toda tu basura en la mochila, incluidos los restos orgánicos.»
Respeto al silencio y a los otros caminantes
El uso de altavoces portátiles en caminos rurales supone una agresión imperdonable a la paz común. La cortesía montañera exige ceder el paso a quien asciende en pendientes estrechas, saludar con sobriedad y modular el tono de voz para fundirse con la respiración del entorno.

