Aguas vivas: la restauración de riberas y la recuperación de cañones fluviales
Eliminar azudes obsoletos y reforestar bosques de galería con alisos y sauces devuelve a los ríos su capacidad de autodepuración y crea corredores biológicos insustituibles.

Un río no es un canal para evacuar agua hacia el mar lo más rápido posible: es un organismo dinámico que necesita meandros donde perder velocidad, llanuras de inundación donde depositar limos fértiles y pozas profundas donde la trucha y el martín pescador hallen refugio en los veranos de estiaje.
El bosque de ribera como termorregulador
La bóveda de ramas que forman fresnos, sauces y alisos sobre el agua funciona como un parasol natural. Al filtrar la radiación solar directa, mantiene el agua fría y oxigenada, impidiendo la proliferación de algas tóxicas y preservando a los macroinvertebrados que constituyen la base trófica de todo el curso fluvial.
«Cuando liberas un río de sus presas inservibles, el ecosistema no tarda décadas en responder: en cuestión de dos primaveras la arena se redistribuye y los peces regresan a sus frezaderos históricos.»
Navegación lenta en kayak de travesía
Deslizarse a golpe de remo por aguas calmas de cañón nos sitúa a ras de superficie, permitiendo observar el baile de las libélulas y los nidos de golondrina de ribera sin emitir ruidos de motor ni contaminar con aceites los acuíferos subterráneos.

